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CARAVANA


Género: Documental

CARAVANA
Título original:Caravana
Año: 2004
Duración: 85 min.
Nacionalidad:España
Género:Documental
COLOR

Sinópsis:
Dos muchachos de doce años, Rabdoulá y Pemba, viven en dos de las regiones más inhóspitas del planeta: el desierto del Tenéré y la cordillera del Himalaya. Aunque sus vidas están separadas por miles de kilómetros, tienen algo en común que además va a significar un antes y un después en sus vidas. Iniciarán un largo viaje con sus familias, que se dedican desde hace generaciones al comercio de la sal. ComentarioMacizo del Aïr, Níger.Mi padre acaba de regresar de Agadez donde ha estado viviendo los últimos meses. Allí ha intentado emprender un negocio de importación de verduras pero el asunto no le ha funcionado bien y ha vuelto a casa. Necesita recuperar parte del dinero perdido y para ello no le queda otra salida que retomar una actividad económica ancestral dentro de nuestra cultura y cuyos secretos se han ido transmitiendo durante generaciones de padres a hijos: Las caravanas de sal.No conozco más allá de las altas colinas que rodean mi aldea. Desde pequeño, he escuchado fabulosas leyendas sobre el Ténéré y las caravanas de sal pero nunca he sentido demasiada atracción por ellas. Yo quiero seguir estudiando y conseguir una beca en el Liceo Francés de Niamey. Pero lo que nunca me podía imaginar es que mi padre me iba a proponer unirme a su caravana en lo que será un viaje iniciatico que cambiará para siempre mi vida.Mi padre conoce bien la situación actual de Níger, un país sumido en la pobreza y que sobrevive gracias a las ayudas del primer mundo. La mayoría de los jóvenes que se licencian en la universidad no les queda otro futuro que entrar clandestinamente en Europa. Por eso él quiere enseñarme los secretos de la caravana, un oficio duro pero seguro y que durante siglos ha sido un pilar importante en nuestra economía.Antes de que el hombre blanco viajara por las Rutas Celestes, los tuareg recorrían miles de kilómetros guiados por las estrellas. Durante siglos los tuareg dominaron el comercio y las vías de comunicación, erigiéndose en los amos del desierto y de la sabana. Las caravanas de Tuareg formadas por cientos de camellos transportaban sal, azúcar, dátiles, té, sémola, marfil y esclavos, trazando rutas comerciales a lo largo y ancho del inmenso desierto. A mediados de Enero apenas quedan hombres en Timia, la mayoría partieron hace más de dos meses hacia las salinas de Bilma y Fachi con las caravanas. A mi padre el tiempo le apremia porque en poco más de cuatro semanas, el calor convertirá el desierto del Ténéré en un infierno que ni el más avezado de los tuareg se atrevería a cruzar.La actividad en nuestra gran familia es frenética, la caravana debe estar preparada para dentro de diez días. Hay que preparar cuerdas, cortar hierba para los camellos, fabricar esteras para transportar la sal, reparar las guerbas y aprovisionarse de alimentos (té, mijo, maíz, azúcar, queso de cabra, frutas y hortalizas de la huerta, etc.) mercancías que trocaremos cuando lleguemos a Fachi.Mi madre, mis hermanas y mis tías se encargan de preparar la Bula, una pasta fabricada a base de harina de maíz, dátiles, mijo y queso de cabra, y que será el único alimento que consumiremos durante el viaje.Veintiséis de Enero. La mezquita está abarrotada de feligreses que acuden a la oración del viernes, mi padre nos ha querido reunir a toda la familia para rezar juntos. El marabú le ha prometido unas plegarias para la buena fortuna durante el viaje. Veintisiete de Enero. Al caer la tarde la gente se concentra bajo la sombra del gran árbol. Al otro extremo de la explanada quince jinetes sobre sus camellos aguardan la señal. De pronto alguien grita y los camellos salen disparados en una frenética carrera, el ritmo de los tambores se precipita y mujeres y hombres comienzan a cantar y bailar. Ha comenzado el Tendé, la gran fiesta que precede a la partida de una caravana.Veintiocho de Enero. Con las primeras luces del alba la caravana se va agrupando en la gran plaza junto a la escuela coránica, comienza la carga.Yo estoy en casa junto a mi madre, ella me da los últimos consejos. La caravana está preparada. Antes de partir, mi madre me quiere hacer entrega de un obsequio, algo tan importante para nosotros que se ha convertido en un símbolo del pueblo tuareg; el tagelmust. El turbante que me protegerá del sol, del viento y de la arena.Comienza el viaje. La caravana la forman treinta camellos, seis camelleros, mi padre, y la pieza clave e imprescindible; el madugu. Hombres que conocen el desierto como la palma de su mano y con un sexto sentido para la orientación. Veintinueve de Enero. Alcanzamos el valle de Uelek. Los camelleros coinciden en que la hierba de Uelek es la mejor del Aïr por eso el madugu ha decidido pasar aquí los próximos tres días recolectando el pasto que alimentará a los camellos durante las jornadas del Ténéré. Este es un arduo trabajo pero esencial para poder atravesar el desierto con garantías. Mi padre me explica que los fardos han de ser muy compactos y con idéntico peso para que el camello no camine desequilibrado. Uno de Febrero. Reanudamos el viaje. Durante los tres días invertidos en la recolección de la paja, los camellos se han alimentado bien y de ello dan buena cuenta la firmeza de sus jorobas. Con la caída del sol alcanzamos el pozo de Marí, él ultimo punto del Aïr para abastecernos de agua. Dos de Febrero. Descendemos por el valle de Tafidelt. Poco a poco las montañas del Aïr se difuminan en el horizonte. Lo que hasta hace unas pocas horas era una vegetación exuberante ahora aparece como un paisaje yermo salpicado por solitarias acacias que se aferran a la vida en una especie de favor concedido por el desierto. Estamos llegando a las puertas del mítico Ténéré.Tres de Febrero. Acabamos de entrar en la tierra vacía, en el desierto dentro del desierto. La soledad es absoluta, el silencio sólo se ve roto por el aullido del viento y el suave pisar de los camellos. En el horizonte no existen referencias, ni una mínima piedra que rompa con la monotonía del paisaje. Es un océano de arena donde se puede apreciar hasta la curvatura de la tierra. Voy a pasar mi primera noche en este mundo nuevo y desconocido cargado de leyendas. Con la oscuridad nos reunimos en torno al fuego, Ahmed prepara la cena. Es el momento de contar historias de caravanas perdidas y de los espíritus que habitan entre las dunas. Me cuesta conciliar el sueño, son demasiadas emociones y en mi mente se repite la misma imagen, bañándome en la cascada con mi amigo Yakuba. Hace mucho frío.Cuatro de Febrero. Como cada mañana, con el despuntar del sol, iniciamos la marcha. Por delante nos quedan doce horas sin parar de caminar y caminar. Detenerse significa romper el ritmo, incitar a los camellos a que se tumben, luchar durante horas para que reinicien de nuevo la marcha. Comer, beber, rezar, todo ha de hacerse en movimiento. En el Ténéré no hay protección y solo cuando vislumbremos el palmeral de Fachi nos sentiremos seguros. Detenerse aunque solo sea un minuto es tentar a la suerte.Cinco de Febrero. Mismo paisaje, misma desolación. La tierra vacía que solo sirve para atravesarla.Seis de Febrero. A media mañana surge el milagro. Al remontar un cordón de dunas el madugu se detiene, no damos crédito a lo que estamos viendo; un manto de hierba fresca se extiende hasta el horizonte. El madugu me cuenta que la última vez que ocurrió algo similar fue hace veinte años.Siete de Febrero. El rugido de un motor nos abstrae del aletargamiento que nos produce el rítmico y monótono caminar, es el primer signo de vida en seis días. Dos potentes camiones se cruzan en nuestro camino. El aspecto que presentan es difícil de describir porque van tan cargados que cuesta adivinar hasta donde se encuentran las ruedas. En lo más alto, decenas de personas se amontonan en busca de un futuro mejor, se dirigen a Libia. Algunos para hacer pequeños negocios, otros para trabajar durante un par de años y ahorrar el suficiente dinero para casarse, pero la mayoría se dirigen a Trípoli donde intentarán entrar clandestinamente en Europa a través de Italia. Es un viaje muy peligroso y cada año los camiones perdidos aumentan la lista de muertos y desaparecidos, engrandeciendo aún más el mito del Ténéré como un desierto asesino.Aquella tarde la suave brisa del este dio paso a un viento amenazador; el Harmatán quería entrar en escena, lo peor estaba aun por llegar.Ocho de Febrero. La noche ha sido tranquila y sin embargo el madugu apenas ha conciliado el sueño, está preocupado. Lleva treinta y cinco años atravesando el Ténéré y el bien sabe que cuando el Harmatán despierta puede convertir el desierto en un infierno. Con las primeras luces del alba la suave brisa de la noche va ganando en intensidad. Para cuando iniciamos la marcha, el viento es tan fuerte que avanzar un solo metro supone demasiado esfuerzo. Una gran nube de arena envuelve a la caravana y apenas hay visibilidad. Sus minúsculos granos se cuelan con fuerza a través de la más diminuta ranura, estrellándose violentamente contra nuestros rostros. Nos intentamos proteger los ojos con el tagelmust, solo el madugu lleva la cara al descubierto, el debe mantener el rumbo. ¿Pero que rumbo si no existe ni la más mínima referencia con que orientarse? De su experiencia, de su capacidad de sufrimiento y sobre todo de ese sexto sentido que han convertido a los madugu en hombres casi sobrenaturales, depende ahora la supervivencia del grupo. Fue el día más largo y también el mas duro, catorce horas luchando contra la naturaleza. Afortunadamente el Harmatán desapareció con el crepúsculo y la calma y el silencio invadieron de nuevo el Ténéré. Aquella noche nadie abrió la boca, estábamos tan agotados que apenas si cenamos sumiéndonos casi en el acto en el más profundo de los sueños. Pero Fachi, la isla de vida rodeada de un océano de arena, viento y silencio estaba un poco más cerca.Nueve de Febrero. A media mañana algo comienza a vislumbrarse en el horizonte, son los cortados que protegen a Fachi. Ocho horas más tarde coronamos la ultima duna y abajo, a nuestros pies, aparecen los primeros palmerales Hemos llegado sanos y salvos y así se lo agradecemos al madugu con gritos y cánticos.Diez de Febrero. La noticia de la llegada de la caravana ha corrido como un reguero de pólvora y con los primeros claros de la mañana las mujeres se acercan cargadas con los panes de sal y los dátiles para realizar los trueques. Doce de Febrero. No podemos quedarnos más tiempo en Fachi, la hierba se está agotando y en el oasis no hay pasto que alimente a los camellos. Esta misma tarde iniciaremos de nuevo el regreso hacia el Aïr. Siete días más tarde y sin ningún contratiempo que destacar, llegamos a las primeras estribaciones del Aïr. Pronto alcanzaremos el pozo de Marí y los frescos pastos del valle de Uelek. El peligro ha pasado. Dos días más tarde por fin vislumbramos el oasis de Timia.Durante las noches en el Ténéré siempre me venía a la memoria la misma imagen, bañándome con mi amigo Yakuba en la cascada. Y ahora, sentado junto a él frente a la cascada, pienso en el Ténéré, en ese mundo vacío pero lleno de magia, donde solo existen formas esculpidas por el viento que van cambiando caprichosamente con la luz del sol.En la intimidad de la noche, recapacito sobre todas las experiencias vividas. En lo más profundo de mi mente se acaba de activar un conflicto de ideas, pero la decisión está tomada, viajaré a Niamey.Alto Dolpo, Nepal.Soy el segundo de cinco hermanos. Como manda la tradición tibetana con el segundo varón, he ingresado en un monasterio budista. Mi existencia estará unida irremediablemente a un hábito. Vivo desde hace dos años en el monasterio de Chidi, ubicado en un remoto e intrincado valle del Alto Dolpo, la región mas aislada de Nepal. Nuestra única conexión con el mundo es un emisario que de cuando en cuando aparece por el monasterio para entregarnos cartas y mensajes.Hace más de un año que no recibo noticia alguna de mi familia, pero por sorpresa hoy hay una carta para mí. Con el sobre en la mano corro nervioso por los pasillos del monasterio, sé que es algo importante. Sentado en mi camastro abro cuidadosamente el envoltorio. De su interior saco una hoja de papel que leo con expectación, llevaba esperando este momento desde que tenía uso de razón. Mi abuelo quiere que le acompañe en la caravana, el dice que ya está muy mayor y que posiblemente sea el último viaje que realice, por eso lo quiere compartir conmigo, un sueño que llevo arrastrando en mi memoria desde siempre.El gran lama del monasterio está meditando frente a una estatua de buda. Casi imperceptible, su voz susurra unos mantras, las oraciones a buda. Me aproximo cuidadosamente y me siento junto a el, estoy nervioso. El viejo monje ni se inmuta de mi presencia, sigue con sus oraciones. Veinte minutos más tarde se percata de que hay alguien a su lado. Intentando contener la excitación, le cuento el contenido del escrito, mi padre quiere que le acompañe a las caravanas de sal, pero para ello necesito su beneplácito. El lama se lo piensa unos segundos, segundos que para mi se convirtieron en minutos. Luego dibujando una sonrisa me hace un gesto de asentimiento. Sin poder contenerme, abandono la capilla casi sin pisar el suelo, me sentía la persona más feliz del mundo. Según una leyenda, el Alto Dolpo era un país oculto protegido del mundo exterior por enormes montañas. Esta es una tierra hermosa pero árida y pobre; las cosechas son escasas y no dan para vivir más que seis meses al año, por esta razón sus gentes dependen del comercio para subsistir. Desde hace cientos de años, los Dolpo-Pa viajan durante los meses de mayo, junio y julio hacia el norte, hacia la meseta tibetana, acompañados de sus enormes caravanas de yaks para intercambiar la cebada de sus campos y el maíz de los valles del sur por la sal que se obtiene en las salinas del lago Dabrie.Catorce de mayo. Después de caminar cinco días, llego a Talphi, mi aldea natal. Mi familia lleva más de dos semanas organizando la caravana.Veinte de mayo. La caravana está preparada. Antes de partir, debemos reunirnos con el lama del monasterio de Talphi. Los lamas son los que establecen la fecha de salida, en función de los indicios que les transmiten los dioses. Cuando estos marcan el día propicio el carnicero del pueblo debe sacrificar un yak. La sangre del animal se la tienen que beber los viajeros como protección a las enfermedades, las avalanchas y los malos espíritus que moran en el Himalaya.Veintitrés de mayo. Los dioses han decidido que hoy es el día de la partida. Los sonidos de los silbatos y las campanillas dirigen la manada de cincuenta yaks. Veintisiete de mayo. Superamos el paso de Kagmara La, la primera dificultad del camino. Como manda la tradición debemos rezar mantras a buda describiendo círculos en torno al chorten, los altares de piedra que marcan los pasos de montaña en el Himalaya. Después de colocar algunos banderines de oración, iniciamos el descenso hacia el valle de Kimbu La.Al caer la noche, mi padre, mis tíos y alguno de mis hermanos levantan un cercado con los sacos de grano para protegernos del viento. A pesar del enorme frío dormimos al raso.Treinta de mayo. Hoy tenemos que afrontar la jornada más peligrosa; el paso de Baga La, el mas difícil de los cuatro pasos que debemos atravesar. Para saber si nevará, mi padre arroja un puñado de sal al fuego, si la sal está seca chisporrotea y la nieve no nos sorprenderá, pero si está húmeda no sonará, lo que significa que la tormenta está cerca. Las predicciones no son buenas, sin embargo mi padre ha decidido continuar el viaje. A media mañana, unas nubes negras y amenazadoras se aproximan por el norte. En poco menos de una hora se desata la tormenta. Las mujeres se protegen los ojos con una sustancia negra fabricada con raíces, los hombres lo hacen con sus propias trenzas. A media tarde aparecen algunos claros en el cielo por donde se cuelan los rayos de un tímido sol. Mi padre decide acampar antes de coronar el paso.Treinta y uno de Mayo. Un gélido viento del norte ha estado azotando el campamento durante toda la noche. El despertar se hace duro, los huesos están entumecidos por la humedad y el frío. Dos yaks han desaparecido, mis dos hermanos mayores salen en su búsqueda pero el tiempo apremia. A cinco mil metros de altitud y con temperaturas de veinte bajo cero, no es el mejor lugar para perder dos bestias. Mi padre está preocupado, no podemos perder más tiempo en atravesar el Baga La. Ha decidido que la caravana se ponga en marcha, los esperaremos al otro lado del paso.A media tarde coronamos el Baga La, mi padre otea el horizonte pero no hay rastro de ellos. Aun nos quedan tres horas de luz, decide esperar.Siete de la tarde. El sol cae con rapidez, siguen sin dar señales. Mi padre se impacienta no podemos aguantar mucho más tiempo a esa altitud, me acurruco entre sus piernas intentando entrar en calor. En cuanto se ponga el sol la temperatura caerá en picado y para entonces el campamento debe estar levantado en un lugar seguro y bien resguardado. Mi padre ordena que la caravana inicie el descenso, él y otro de mis hermanos permanecerán de guardia hasta que caiga la noche.Diez de la noche. El frío es insoportable. Mi padre y mi hermano regresan al campamento, comienzan a temerse lo peor.A las cuatro de la madrugada algunos yaks se agitan nerviosos. El sonido de sus cencerros delatan que algo ocurre. Nos incorporamos sobresaltados, entre las tinieblas de la noche surgen dos siluetas humanas tirando de dos yaks, están ateridos de frío. Las mujeres se apresuran en preparar Tsampa, el té salado. Exhaustos, buscan el reconfortante calor de la hoguera, están a salvo.Uno de Junio. El día amanece claro y despejado, una inusual calma envuelve las montañas. A media mañana el sol cae con justicia, no sopla una gota de viento y el caminar se hace a buen ritmo.Dos de Junio. Las aguas del lago Rigmo señalan que la frontera con Tíbet está muy próxima. Pero bordear el lago nunca ha sido empresa fácil y para muchas caravanas se ha convertido en el lugar más maldito de la travesía.El lago es de una belleza indescriptible, sus aguas abarcan toda la gama de tonos esmeralda que uno pueda imaginar. Se encuentra encajonado en una profunda caldera de paredes verticales, donde las caravanas han conseguido, tras cientos de años, dibujar un pequeño sendero difícil de describir. Su ancho es tan diminuto que apenas hay espacio para las pezuñas de un yak. Los desprendimientos son continuos y los puentes hechos con troncos para salvar las partes donde se ha caído la tierra, están en tan mal estado que un paso en falso significa precipitarse al vacío cientos de metros.Tras cinco horas de angustiosa marcha, logramos superar el lago y alcanzamos la aldea de Rigmo. Es el momento de la despedida, yo descenderé con mi tío hacia el aeródromo de Juphal, distante seis días a pie. La caravana proseguirá su viaje hacia el valle de Tharap.Quince de Junio. Alcanzamos Katmandú. Mi primera ducha, la televisión, electricidad, agua corriente, gente y vehículos por todos lados; acabo de sumergirme en un mundo absolutamente desconocido para mi. Sentado en mi cama del internado trato de asimilar lo que me está ocurriendo, este será mi hogar durante los próximos diez años y pienso en las palabras que me dijo mi abuelo durante la despedida: Estudia fuerte porque tú llegarás a ser una persona importante, luego regresarás a tu tierra para ayudarla.Y yo me pregunto ¿Regresaré?

Montaje:
Gerardo Olivares

Dirección:
Gerardo Olivares


Fuente Género Fecha alta Visitas
NULLDocumental2005-06-304921


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