Camilo José Cela Trulock
Cela Trulock, Camilo José (1916- ) Escritor español, n. en Iria Flavia (La Coruña). Truncados sus estudios universitarios por el estallido de la Guerra Civil, al término de ésta ocupó durante algún tiempo un cargo en el sindicato madrileño. Su primera novela, La familia de Pascual Duarte (1942), anuncia ya su vigoroso estilo de narrador en un relato ceñido y eficaz en torno a la peripecia vital de un asesino condenado a muerte. Sus correrías por tierras de España le dan a conocer una amplia variedad de tipos humanos y de situaciones anecdóticas que reflejará, a partir de Viaje a la Alcarria (1948), en Del Miño al Bidasoa (1952), Judíos, moros y cristianos (1956), Primer viaje andaluz (1959) y Viaje al Pirineo de Lérida (1965). En todos estos libros de viajes se advierte su minuciosa curiosidad por el paisaje y los hombres, y el realismo pictórico de sus relatos. Pabellón de reposo (1943), fruto de sus experiencias de interno en un sanatorio, es otra de sus novelas importantes, a la que seguiría Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944), acertada recreación de la picaresca clásica. La colmena (1951) es un desfile copioso de personajes de la posguerra española, con sus miserias, sus vulgares anhelos, sus pasiones, sus frustraciones, que el autor describe con una gran ternura, equilibrada por el desgarrado pesimismo que preside casi toda su obra. Además de La Catira (1955), novela ambientada en Venezuela, ha escrito una larga serie de títulos, entre los que cabe destacar: Esas nubes que pasan (1945), El bonito crimen del carabinero y otras invenciones (1947), El gallego y su cuadrilla (1951), Baraja de invenciones (1953), Mr. Caldwell habla con su hijo (1953), El molino de viento (1956), Cuatro figuras del 98 y otros retratos y ensayos españoles (1961), Tobogán de hambrientos (1962), Garito de hospicianos (1963),su Diccionario secreto (1968), que obtuvo gran éxito de público al exhumar las raíces escatológicas de muchas expresiones del lenguaje y los vocablos y frases obscenos que subyacen en el idioma, San Camilo 1936 (1969), Oficio de tinieblas 5 (1974) y una Enciclopedia del erotismo (1976). Ingresado en la Academia Española de la Lengua en 1957, el año anterior había fundado en Mallorca la revista literaria Papeles de Son Armadans. En 1977 fue designado senador real, cargo que ocupó durante la redacción de la Constitución española de 1978, en la que introdujo numerosas enmiendas de precisión estilística. En 1980 fue nombrado catedrático honorífico de la Universidad de Mallorca. En 1987 le fue otorgado el premio Príncipe de Asturias de las Letras, en 1989 el Nobel de Literatura, en 1994 el premio Planeta, de que bien poco precisaba su mérito, y en 1995 el Cervantes.Obras de Camilo José Cela.La novela española actual nace en 1942, cuando se publica La familia de Pascual Duarte. Quedan lejos nombres como Benjamín Jarnés, Agustín Espinosa o Mauricio Bacarisse y se superan las creaciones ocasionales de Bermúdez de Castro o Giménez Arnau. La novela de Cela significa la aparición de un realismo que se llamó tremendista, pero que tenía claro entronque con la novela picaresca. Se ha dicho con claridad, Duarte es «un modelo de conductas; modelo no para imitarlo, sino para huirlo». Así eran también los propósitos de Mateo Alemán a finales del s. xvi. Por otra parte, esta bestezuela fustigada de Pascual tenía también su entronque hispánico: valga el recuerdo al Segismundo calderoniano o al don Álvaro romántico. El mal y su valor ejemplar, el destino implacable, la ciega adversidad, son los elementos tradicionales que sustentan a esta novela. Luego, las circunstancias de su tiempo y la necesidad de volver a un género literario que, entre nosotros, hizo nacer a la novela moderna o creó la más grande de todos los tiempos. Pascual Duarte es el retazo de una vida que fluye a borbotones y se restaña en el trágico guiñapo que fue aquel hombre, tan incierto en la comprensión de quienes lo vieron morir.Si pensamos en la autobiografía y en la picaresca, las Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes es un deliberado propósito de actualizar, con todos sus riesgos, «uno de los más antiguos, bellos e ilustres mitos de nuestra literatura clásica» y, si pensamos en el valor autobiográfico de todos estos relatos inaugurados por el Pascual Duarte, no podríamos silenciar lo que significa Pabellón de reposo con entronques unamunescos, según declara el propio Cela, «de desenmarcación de la circunstancia del tiempo que la constriñe y del tiempo que la atenaza». Pero prescindiendo de antecedentes extranjeros (Mann, Morgan), en los que no creo, Pabellón de reposo es una novela poemática, fundamentalmente lírica, en la que el narrador es como el tema repetido de una sinfonía, que conduce a la recapitulación final.Es sorprendente cómo obras tan diversas van permitiendo establecer una constante en el arte del narrador. Porque el lirismo nos llevará a La Catira y, sobre todo, a Mrs. Caldwell habla con su hijo y durará hasta San Camilo, 1936, la Mazurca para dos muertos (premio Nacional de Literatura 1984) o Cristo versus Arizona. Unas veces por la utilización del monólogo interior; otras por la repetición de los motivos que vuelven reiteradamente como los acordes de una sinfonía. Bien que el mundo delicado de Mrs. Caldwell poco se parece al de las dos novelas más recientes, pero la maestría en el uso del lenguaje, la precisión estilística, el proceder hacia un crescendo musical hace que todas estas novelas se enmarquen fácilmente en un cunjunto en el que fracasos sexuales o apetitos inconfesables llevan a la enajenación.En La Colmena este arte consigue su plenitud. Es la representación de una técnica compleja que nos da, de una parte, el reflejo de una sociedad, aprehendida en el deambular de aquella multitud de personajes; de otra, la técnica que hace pensar en procedimientos fotográficos. Hombre y ambiente que evoca los procedimientos de Dos Passos, de Joyce, de Sartre, como mundo referencial que puede servir para entender un quehacer, no para determinar filiaciones. La Colmena es una serie de estampas anudadas en profundidad en la que cada tipo se manifiesta en su contingente realidad. Como en el cine, no se trata de construir historias desde su inicio hasta el fin, sino de mostrar un conjunto de momentos simultáneos que por yuxtaposición nos dan la vida de una gran ciudad en unos días muy precisos y en unos lugares muy limitados. Novela escrita en presente histórico que, al decir del propio Cela, la aparta de su creación anterior. El novelista ve a su libro como una «novela reloj», construida con mil piececillas armoniosamente unidas, y en aquel café de doña Rosa y en aquellos tres días, Madrid, «un poco la suma de todas las vidas que bullen en sus páginas, unas vidas grises, vulgares y cotidianas». A pesar de que cada personaje aparece con su nombre y sus dos apellidos, son arquetipos o pobres símbolos de un vivir muy poco heroico. Algo así como las barcas de locos del Renacimiento o las carretas de heno en las que los hombres actuaban según sus humores con resultados próximos al alienamiento.Técnicamente no difiere mucho de La Colmena otra gran novela, para mi modo de ver injustamente preterida, La Catira (1955). También unos cuadros cinematográficos que nos van dando la imagen de una tierra pródiga en sus frutos y avara de sus hombres. Ahora con un enriquecimiento estilístico: la repetición es como el fondo musical que acompaña a cada una de las secuencias del relato y logra efectos de una singular belleza y de un hondo lirismo. Más aún, la plástica domina sobre todas las sensaciones y los cuadros mantienen su propia independencia. La Catira es una novela de Tierra Caliente: se ha pensado en Tirano Banderas, de Valle-Inclán; pero, lingüísticamente, los novelistas buscan fines distintos: uno, crear una especie de koiné hispánica; otro, reflejar sólo una parcela del español de América. Pensaríamos también en la humanidad de aquellos tipos que se reflejan en Pipía Sánchez, la Catira, que fusta en mano humilla a los cimarrones de la próspera o adversa fortuna.El arte de Cela evoluciona hacia unas formas en las que la materia novelesca se edelgaza hasta límites extremos. Queda entonces el prodigio de su estilo. El lenguaje es, a partir de Oficio de tinieblas, 5, el verdadero protagonista de sus relatos. La palabra es un don que en su pluma se convierte en la más delicada criatura y llega hasta las últimas consecuencias la maestría verbal. He dicho que este mundo es el de una humanidad reducida a las cuerdas de un rabel y lo que Oficio inicia y La Mazurca desarrolla, a veces con dramatismo, en Cristo versus Arizona es la culminación de unas posibilidades. No en vano las advocaciones de la letanía vienen a ser el símbolo de la palabra en cuanto acto de creación milagrosa, más allá de su comprensión, que no se tiene. Las historias de Tomistón son sórdidas y despiadadas, pero si nos fijamos -sólo- en la técnica novelesca, tendríamos que el relato está en estilo directo, con los recuerdos inconexos que hacen pensar en los procedimientos de La Colmena y que unidos nos dan la vida de toda aquella gentucilla. Pero como las evocaciones surgen ex abrupto desde el recuerdo, el relato cobra un aire de monólogo interior en el que la psicología de cada tipo se proyecta y que el novelista enriquece con sus consideraciones.Además de todo esto, Cela ha escrito relatos breves (los recoge en Esas nubes que pasan, Mesa revuelta, El gallego y su cuadrilla, etc.), libros de viajes (Viaje a la Alcarria, Del Miño al Bidasoa, Viaje al Pirineo de Lérida, Primer viaje andaluz), poemas (Pisando la indecisa luz del día), guías turísticas (Ávila).
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